
La competencia global, el examen detallado de los inversores y las nuevas normas están obligando a los directivos a pensar en una nueva estrategia para controlar y gestionar sistemáticamente el rendimiento y conseguir un mayor interés por la gestión del rendimiento. La gestión del rendimiento corporativo está representada por varios acrónimos -CPM, BPM, EPM, FPM, POA-, y todos ellos quieren ejemplificar las ventajas de un proceso de planificación eficaz que procure una perspectiva mejorada, una información más precisa y una toma de decisiones mejor y más rápida. Básicamente, una dirección empresarial más inteligente.
¿Qué es la gestión del rendimiento corporativo?
Para adoptar eficazmente una estrategia de gestión del rendimiento corporativo (CPM), una organización necesita comprender lo que es la gestión del rendimiento, por qué es tan importante y cómo hacer que funcione en el mundo real. ¿Qué es la gestión del rendimiento? En pocas palabras, la gestión del rendimiento corporativo es un proceso de planificación continuo, que trata de sincronizar la generación de modelos de previsión de diferente plazo y contenido (plan estratégico, operativo, financiero, logístico,...), la medición de los resultados obtenidos, y en base a estos, la propuesta de alternativas de adaptación para posteriormente generar modelos que nos guíen hacia la consecución de los objetivos a largo plazo fijados para nuestra empresa. Aunque el concepto parece sencillo, su aplicación eficaz puede ser más compleja.
¿Cuál es el punto de partida?
Para materializar eficazmente las ventajas de la gestión del rendimiento, los procesos empresariales de una organización deben integrar las actividades de planificación y gestión, tradicionalmente independientes. Como mínimo, estos procesos incluyen (i) establecer y comunicar la estrategia corporativa, (ii) cuantificar las expectativas top-down de los directivos de las unidades de gestión, (iii) recopilar información operativa y económica detallada y (iv) medir y analizar los resultados reales comparándolos con los previstos. El rendimiento satisfactorio de cada uno de estos procesos es necesario, pero no suficiente. Para materializar las considerables ventajas del CPM, el punto de mira tiene que estar en facilitar la comunicación y la colaboración entre la alta dirección y los directores de las unidades de gestión. Aquí es donde muchas empresas encuentran la mayor ventaja para mejorar el rendimiento empresarial y la mayor dificultad para realizar el cambio interno sin ayuda.
CPM en funcionamiento: cuando adoptar el proceso es necesario pero no suficiente
Aunque cada uno de los procesos esté muy bien diseñado y se lleve a cabo correctamente, por separado no son suficientes. Las actividades de gestión del rendimiento deben estar totalmente integradas en un proceso de planificación de circuito cerrado cuyo resultado sean números en los que poder confiar, y active la comunicación bidireccional (colaboración) y la medición de los indicadores de rendimiento claves de la organización.
La satisfactoria adopción de una estrategia de gestión del rendimiento exige la comprensión de las personas implicadas, la disposición a cambiar el proceso y la selección de la herramienta adecuada.
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